Fotografiar lo permanente

 


Visitando un conocido museo recientemente, volví a ver como varios visitantes fotografiaban algunos cuadros, con el móvil o con una pequeña cámara de fotos. No deja de resultarme curioso qué motivos puede tener una persona para sacar una foto a un cuadro. Un objeto del que se pueden encontrar imágenes online sin ningún problema y que, incluso la web del museo, permite descargar en alta resolución.

Esto me hace pensar en por qué fotografiamos las cosas en general y, especialmente, aquellas que no van a sufrir cambios con el paso del tiempo. Es decir, un cuadro seguirá siendo exactamente igual 50 años después de que lo fotografiemos, una escultura igual. Lo único que no permanecerán idénticas serán las personas y la naturaleza, estructuras y lugares que mutarán cuando las personas se cansen de ellas y decidan redecorar o reconstruir.

Cuando era joven tendía a pensar que sacar fotos de sitios con personas en ellos era un ejercicio inútil, pero hoy en día creo que es la mejor manera de aprovechar una fotografía. Porque un cuadro, una escultura o un objeto seguirán siendo iguales cuando volvamos a ver la foto años más tarde, pero no las personas que aparecen en ellas. 

Fotografiar personas es un ejercicio de nostalgia al mismo tiempo que una forma de inmortalizar un momento y una edad en sus vidas. La oportunidad de enseñarle a personas cómo eran sus abuelos o individuos que no conocieron.

Fotografiar lo que no permanece ilustra perfectamente el objetivo de la fotografía, el de capturar un momento en el tiempo. Fotografiar lo permanente no tiene cabida hoy en día cuando la imagen que capturamos la podemos encontrar mucho mejor en cualquier parte y la nuestra no es capaz de reflejar un momento, un sentimiento o una sensación.

Especialmente flagrante es el hecho de lanzar miles de fotografías en un corto espacio de tiempo. La tecnologia nos permite hacer y guardar miles de ellas, pero, ¿cuántas vuelven a verse una sola vez? Creemos que fotografiar algo nos permite verlo: un cuadro, un concierto, una actuación callejera; pero realmente nos están privando de verlo en directo, de apreciarlo con nuestros ojos cuando realmente importa y no conformarnos con la fotocopia en la que se convierte en cuanto pasa el momento.

Se trata, en definitiva, de ver más con los ojos, y de guardar lo que realmente merece la pena ser guardado, pedazos de tiempo y personas que no volverán pero que podemos capturar haciéndolos inmortales.

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